Hoy, leyendo este poema de Ciro Mendía, vino a mi mente su imagen de viejo huraño, distante, solitario, alcohólico. Lo conocí como mi vecino, yo era estudiante de Sociología en la Universidad Pontificia Bolivariana, situada en la calle La Playa, ciudad de Medellín; estaba recién casada de mi primer matrimonio, era muy joven.
Para facilitar mi nueva vida, alquilamos un apartamento cerca de la universidad, allí en el segundo piso vivía Ciro Mendía (yo no sabía quién era), yo vivía en el cuarto piso, me recordaba a mi padre, le pregunté al portero quién era el señor y me dijo que vivía solo, era alcohólico, que era un viejo cascarrabias, huraño, que peleaba con sus vecinos y con él por las basuras, las fiestas, el sonido de timbres, las conversaciones en las escalas, que nadie lo visitaba. Inmediatamente sentí empatía y solidaridad con él.
Empecé a observarlo, en la mesa del comedor pasaba sentado la mayor parte del día, allí siempre tenía como única compañía una botella de aguardiente, le ponía en su interior una ramita de hierbabuena, se mantenía “entonado” o “templado”, como decimos en Antioquia.
Poco a poco inicié el acercamiento, lo saludaba y no obtenía respuesta. No me rendí, me recordaba a mi padre, seguí insistiendo, un día le lleve fruta y no me dio las gracias, le dejé con el portero una sopa, sabía que no cocinaba, al otro día igual. Era una justificación para ir a su apartamento a recoger las vasijas, saludarlo y decirle quién era y que podía contar conmigo. Era escritor, muy fluido en su conversación, lo que motivó mi curiosidad por saber quién era. Estaba frente al Maestro, poeta y dramaturgo Ciro Mendía. Me regaló su libro autografiado “Caballito de siete Colores”, publicado en 1968.
De tarde en tarde conversábamos, yo estaba en teatro con el escritor y director de teatro Jairo Aníbal Niño, luego con la Directora Yolanda García. El maestro que fue el iniciador del teatro regionalista colombiano, quien llenaba los teatros de Medellín con sus obras a comienzos del siglo xx, recordaba y disertaba sobre la filosofía, el arte y la Política liberal. Coincidíamos que nuestros padres fueron liberales en una época que esto significaba el destierro, muerte y cierre de toda posibilidad de trabajo. Así Ciro Mendía nacería pobre, por las ideas liberales de su padre y moriría igualmente pobre y ciego, al poco tiempo de habernos conocido. Escribió 13 libros de poesía, más los de teatro.
Un día me dijo que su Santo de devoción y fiel compañero era SAN TRAGO.
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